Durante los últimos años, la manera en que las nuevas generaciones entienden la diversión y la convivencia ha comenzado a cambiar. Sin que las fiestas tradicionales hayan desaparecido, cada vez toman más fuerza los espacios que combinan ejercicio, bienestar, comida, música, experiencias y convivencia social.

El fenómeno conocido como wellness ya no se limita a ir al gimnasio o cuidar la alimentación. Para Gen Z y millennials, el concepto se ha convertido en una experiencia social que puede incluir clases de pilates, yoga, actividades físicas, comida, bebidas, bazares, productos locales y momentos para convivir con amigos.

De acuerdo con una investigación de McKinsey & Company, Gen Z y millennials representan poco más de un tercio de la población adulta en Estados Unidos, pero generan más del 41% del gasto anual en wellness. El estudio también señala que para estas generaciones el bienestar se ha convertido en una práctica cotidiana y personalizada, más que en una actividad ocasional.

La tendencia también se refleja a nivel global. El Global Wellness Institute estima que la economía del wellness alcanzó los 6.8 billones de dólares en 2024, después de crecer 7.9% en un solo año, y proyecta que podría acercarse a los 9.8 billones para 2029.

¿Significa esto que los jóvenes están dejando de salir de fiesta? No necesariamente. Más que una sustitución absoluta, parece existir un mayor equilibrio entre diferentes formas de socializar. Las nuevas generaciones están incorporando actividades donde divertirse también significa sentirse bien, hacer ejercicio, descubrir marcas locales y compartir experiencias.

Y Ciudad Juárez comienza a formar parte de esta tendencia.

Un ejemplo será Slow Sunday Wellness Social Club, que prepara su segunda edición para el sábado 5 de septiembre en la Hacienda Privada La Rosita, donde la idea es reunir en un mismo espacio ejercicio, bebidas, comida, marcas locales y convivencia.

El evento contará con clase de pilates, además de un bazar abierto al público y de entrada libre. También habrá alberca para quienes quieran disfrutar del espacio después de las actividades.

Más allá de ser únicamente una clase de ejercicio, este tipo de encuentros muestran cómo el wellness está evolucionando hacia una experiencia social: un lugar donde las personas pueden entrenar, comer, conocer emprendimientos locales y pasar tiempo con amigos en un mismo evento.

En una ciudad donde tradicionalmente las opciones de entretenimiento juvenil han estado muy relacionadas con la vida nocturna, la aparición de estos formatos abre una nueva posibilidad: salir, convivir y divertirse, pero desde una perspectiva diferente de bienestar.

Quizá el punto no sea escoger entre una noche de fiesta o un evento wellness, sino que la juventud está ampliando la definición de lo que significa pasarla bien.